Zoom literario

Mundos transmedia

Leyenda del perro y Kakasbal

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Había una vez un hombre que siempre estaba de mal genio. El pobre de su perro era el más afectado por su carácter,
pues terminaba volcando en él su enojo, convertido en maltrato animal. Así que vino Kakasbal —el dios del mal— y habló con el perro:

—Perro —le dijo—, ¿por qué no abandonas a ese dueño malhumorado que tienes?

—Porque es mi amo y le soy fiel —respondió serenamente el perro.

—Anda, déjalo —insistió Kakasbal—, y te otorgaré una nueva familia que esté de buen humor y te trate bien.

—¡Dije que no! —ladró el perro, ya un poco malhumorado también, debido a la insistencia del dios maligno, pero terminó cansándose por su insistencia y accedió.

—Está bien, dime, ¿qué debo hacer? —preguntó.

—Regálame un alma. Es todo —resolvió el dios del mal.

—Trato hecho, pero con una condición: que me regales
un hueso por cada uno de mis pelos.

Kakasbal aceptó y comenzó a contar. Uno, dos, tres… cuatro mil ciento catorce… de pronto, el perro sintió en su
corazón la lealtad que siempre había demostrado a su amo y pegó un repentino salto que desconcentró por completo a Kakasbal, haciéndole perder la cuenta de sus pelos. En su defensa, el perro alegó que las pulgas no lo dejaban en paz, mas volvió a saltar una y otra vez, haciendo que el dios del engaño perdiera la cuenta repetidamente. Kakasbal, quien aparentemente no era muy astuto, finalmente descubrió el engaño.

Le dijo al perro:
—Perro, he aprendido la lección: es más fácil comprarle el alma a un hombre que a un perro.

El perro y Kaskabal (versión 2)

Kakasbal: Mala cosa. Ente maligno de gran estatura, con muchos pies y brazos, muy peludo, que en ciertas noches vagaba por los campos destrozando plantas y animales, devorando hombres y bebiendo sangre de niños.

Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:

– Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.
– Cómo no he de estarlo?, si mi amo me pega cada vez que quiere- respondió el perro.
– Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Porqué no lo abandonas?.
– Es mi amo y debo serle fiel.
– Yo podría ayudarte a escapar.
– Por nada lo dejaré.
– Nunca agradecerá tu fidelidad.
– No importa, le seré fiel.
Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:
– Creo que me has convencido; ¿dime qué debo hacer?
– Entrégame tu alma.
– ¿y qué me darás en cambio?
– Lo que quieras.
– Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.
– Acepto.
– Cuenta, pues…

Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro; pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.
– ¿porqué te mueves?- le preguntó Kakasbal.
– No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.
Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba.
Al fin Kakasbal dijo:

– No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

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